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martes, 8 de agosto de 2023

Clamando por salir.


 Desear volver al bosque junto al Irimia de Panait Istrati, que fue recluido en el palacio del arconte Samurakis bajo la férrea vigilancia de su guardia albanesa, escapar o morir en el intento. Ser como el tigre de William Blake, brillo ardiente en las selvas de la noche. ¿Dónde la alfombra mágica de Tangu? ¿Y las ficciones de Borges? ¿Dónde, Gilgamesh, la planta espinosa que devuelve la juventud? La dejaste un momento descuidada para darte un baño y al regresar a por ella había desaparecido. En su lugar, la vieja piel de una serpiente, vestigios de un vigor extinguido. Como escribió Gil de Biedma, la luz usada deja polvo de mariposa entre los dedos, y deleitarse en cada mota de ese polvo irrepetible, agradecidos, también con añoranza, eso es hacer memoria.

Entre libros voy, trazando caminos que no sé hacia dónde me llevan pero diría que soy un poco más feliz o menos triste, que no es lo mismo, que me sostengo también por esas lecturas que me leen y me completan, balsámicas, cabalísticas, providenciales. Abrirse a toda la realidad, sin reservas, no es vivir en una realidad paralela ni en un otero ingrato. Break on through to the other side. Regalarse al universo mundo es otra forma más profunda de ensimismarse en una intimidad sin límites, en carne viva. Como Píndaro, agotar el campo de lo posible, que es infinito, vertiginoso, insondable.


Los agostos laborables son un dedo artrósico, punzada sarmentosa, hurgando en la herida primordial. Hay mañanas veraniegas que parecen desiertos y nosotros eremitas, místicos derviches, ancianos metafísicos, sabios presocráticos de arrabal. No hay Virgilio que nos acompañe en este descenso amargo e imprevisible, habrá caída y aprendizaje, los bares y las tiendas que frecuentábamos están cerrados por vacaciones, los amigos brillan y duelen por su ausencia, en la radio suenan Aerosmith, Credence y los Dire Straits, algo es algo para un lunes acre lleno de aristas filosas untadas con curare. He almorzado solo y estaba en compañía, encaramé la mirada entre los árboles urbanos buscando la danza galante de las tórtolas o el porte franciscano de algún gorrión enamorado, hoy he vuelto a fijarme en los ciruelos rojos, en la luz que achicaba sombras sin descanso, quería morder tus labios de nuevo, miré a mis hijos con amor, sigo deseando ser mejor y más bueno, frágil, humano, más pequeño, hago piruetas por mantenerme en pie.


Marcel Schwob y Henry Miller aumentan la lista de lecturas pendientes, todavía no hemos sido borrados ni derrotados definitiva e irrevocablemente, no encarguéis réplicas de La Victoria de Samotracia, cancelad el banquete, que no suene ahora un chelo fúnebre, que Bach guarde silencio, cerrad el cielo y el infierno, traigan un ron pirata, canten con alegría, relájense, dejémonos llevar por este armónico fragor de vida, no hemos muerto aún, todavía podremos bañarnos en el río Ñuble a su paso por San Fabián de Alico, ir a Georgia, a Crimea, a los fiordos noruegos, pasar por Jerusalén y después a Samarcanda, todavía tengo ilusiones, dejaré mil cosas por hacer, casi por hacer, vidas imaginarias levantándose entre cenizas, vibrando en el instante, rizando el rizo, rozando lo increíble, tengo un niño dentro clamando por salir, hay esperanza.


Imagen: Georgia.

domingo, 16 de julio de 2023

Suvenires reunidos.


 Elena, la hermana de Sergei, acaba de llegar a Valencia desde Járkov. Hace un año que no están juntos, ha venido para despejarse un poco, estar con los suyos y alejarse del epicentro del horror. Su marido no puede salir de Ucrania, volverá con él en uno o dos meses. Desde el aeropuerto, antes de llegar a la casa de Ira y Sergei ha querido pasar por la nuestra para saludarnos y entregarnos unos regalos como agradecimiento por haber acogido a su familia que, le decimos, ya es nuestra familia. Nalyvka de cerezas, limoncello casero, las dos botellas pintadas y decoradas por ella con arte y cuidado. Dos preciosos iconos ortodoxos, san Marcos y santa Claudia, y un cuadro con una estampa veneciana pintada por su padre que murió repentinamente hace un par de años. Unas pastas de té, para Elena unos guantes de lana de oveja y para mí una botella de Gentleman Jack. No sabe qué hacerse para corresponder lo que no es necesario ni nombrar. Hemos recibido con creces lo que un día dimos. El mejor regalo es verla aquí, su mirada limpia y su sonrisa alegre pese a lo vivido y aunque sepa o intuya lo que le puede esperar después de esta plácida estancia en Valencia. Militancia del júbilo a pesar de tanto canalla malicioso en el poder. Vivir con plena intensidad, a todo corazón, el presente luminoso sin lamentos inútiles por lo que hemos perdido o se nos ha arrebatado. Difícil. Admirable.

Mi hijo Iván también ha regresado del viaje que ha hecho con su madre para estar casi un mes con su familia japonesa. Okayama, Kurashiki. La cercana Hiroshima y Miyajima, la isla santuario. Ha traído palillos para todos, algo de té y un aguardiente de boniato, imoshochu, que a mí me encantaba, en especial uno de Miyazaki que se llama Kurokirishima, la isla de la niebla oscura, o algo así. Idas y venidas. Partidas, vacaciones, regresos y reencuentros. Yo estoy en época de crianza, de escasas travesías, de viajes inmóviles a lo Mac Orlan, alrededor de mi cuarto y mi jardín, trayectos recurrentes por los viajes ya hechos y por los imaginados. Paladear el humo, la ensoñación y esa punzada agridulce en el cielo de la boca que nunca sabemos de dónde viene.


Cerca de mi trabajo encontré, en una librería de segunda mano, Kyra Kyralina y El tío Anghel de Panait Istrati. Se lo comento a Claudio Ferrufino que celebra el hallazgo y me recuerda la importancia de leer también a Iliá Ehrenburg. Pido su Julio Jurenito de inmediato, llegará mañana, engrosando la larga lista de lecturas pendientes. Otro camino que se abre hacia lo imprevisible.


El sábado laboral termina a mediodía. Mañana tranquila, con el calor que hace casi no han venido pacientes. Estarán en la playa o en sus casas con el aire acondicionado a tope o amorrados a sus ventiladores y abanicos intentando sobrevivir. Cada uno alivia como puede la calina, el bochorno, el cambio climático, la soledad. Rosa, mi compañera de guardia, planea un viaje familiar a Asturias, Javi y Belen están ansiosos por bajar la persiana del bar y enfilar hacia el cabo de Gata. Todos buscamos siempre un lugar donde ser distintos y no podamos reconocernos. Ya en casa veo un interesante documental sobre las andanzas por el altiplano boliviano de los ladrones Butch Cassidy y Sundance Kid. Inevitable su final de plomo y sangre en San Vicente tras su rastro de robos por las mineras Oruro y Potosí, y su huida por el salar de Uyuni hacia el sur.


Antes de las siete de la tarde es imposible salir de casa. Refrescamos hasta el alma en la piscina, los niños juegan con pistolas de agua cerca de mi Glenfarclas on the rocks. Elena planea un fin de semana en un hotel de esos temáticos que te ofrecen todo lo necesario para no salir de sus instalaciones, alejarse unos días de la rutina y que te lo hagan todo. Me pongo a bucear agradeciendo el instante, el refugio de este paréntesis, perdí pero en el fondo reencontré el anillo dorado de la felicidad. Cada cosa que llega a mi vida es admitida sin reservas, lo bueno, lo feo, lo malo, el bien, la verdad y la belleza. Los viajes de los demás quedan marcados en mi pasaporte, sus lecturas dejan huella en mis estanterías. Sé que en la superficie me esperan siempre mi familia, mis historias, el mundo que he creado y el que acepto, Istrati en la hamaca, Toshiro Mifune preparando un té verde para Kurosawa, suenan canciones de Okinawa por los bosques rumanos, klezmer de Bucovina por el castillo de Himeji, mientras Sundance y Butch recuerdan el suave sabor de la carne de llama, el recio alcohol de los mineros, se acaba la resistencia de mis pulmones, emerjo, rellenan mi copa de nuevo, palpan con cuidado los agujeros de bala que hay en sus sienes polvorientas y ríen sin miramientos, alborotados, al recordar sus ya muy antiguas muertes bolivianas.

Regresar al valle.

  La niña comienza a caminar tras dos meses desde el diagnóstico de la enfermedad y el inicio del tratamiento. Ya estamos en la segunda fase...